
Moscú anunció este jueves la «liberación» de Chasiv Yar, un bastión clave de Ucrania para conservar la hercúlea línea defensiva de la provincia de Donestk … y cuya pérdida puede convertirse en la puerta para la conquista rusa de toda la cuenca del Donbás. El Kremlin aseguró con tono triunfalista que su ejército tomó el último rincón de esta población después de que las tropas locales se vieran superadas y retrocedieran varios kilómetros para establecer una nueva trinchera. Al cierre de esta edición, Kiev negaba la derrota. Militares suyo afirmaban que algunas de sus unidades resistían en el norte y oeste del enclave. El día resultó aciago en la exrepública soviética. Una nueva noche de bombardeos rusos con misiles y drones mató a once personas, entre ellas un niño, en Kiev.
Tanto la euforia rusa como la negativa ucraniana resultan comprensibles en un frente de mil kilómetros donde cada avance se analiza con lupa. Después de Bajmut y Mariupol, esta es probablemente la batalla más importante y sangrienta de la guerra. A Chasiv Yar se la conoce como la «ciudad-fortaleza» y es por algo: situada en lo alto de una colina y recorrida exteriormente por un canal, durante mucho tiempo se la consideró inexpugnable. El horizonte de su conquista ha supuesto casi año y medio de combates.
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Sobre el papel, esta localidad apenas es una villa de 14.000 habitantes con una estación de tren y donde sólo funcionaba una fábrica antes de la invasión. Sin embargo, la guerra la transformó en una potente guarnición militar ucraniana y en la llave para tomar Kostiantinivka-a solo cinco kilómetros de distancia-, Kramatorsk y Sloviansk, baluartes en los que Kiev aún tiene una presencia a la que se aferra con fuerza para no perder la región. Moscú, por el contrario, persigue hacerse con todo este territorio. El Gobierno cree que le facilitará consolidar su administración regional en toda la cuenca ucraniana y sólo entonces, quizá Putin se avenga a sentarse a negociar.
El cerco ruso a Chasiv Yar comenzó en enero de 2024. Cuatro meses más tarde los combates pasaron a ser diarios. Las laderas se han ido llenando de cadáveres. Los expertos dan por hecho que la conquista ha supuesto decenas de miles de bajas en los dos bandos y la desaparición de unidades de élite completas, El Kremlin informó este jueves que solo en el asalto final sus tropas asesinaron a 7.500 defensores ucranianos y destruyeron un centenar de tanques y blindados. De sus bajas, el ejército ruso no dio datos. Ucrania ha explicado en más de una ocasión cómo los invasores enviaban oleadas de soldados contra sus artilleros y francotiradores.
A dieta antes de la lucha
Es posible que los relatos sobre muertos y heridos, o las fieras condiciones de la lucha, no disten demasiado de la realidad. Los corresponsales rusos cuentan cómo Kiev aprovechó la altura del enclave para sembrarlo de artillería y dispersar minas. Sus hombres habrían disparado obuses de 155 milímetros incluso para acabar con un solitario quad enemigo.
Moscú anuncia la conquista de Chasiv Yar, la «fortaleza» de las defensas ucranianas
La guerra de desgaste de los rusos devino en una «carnicería» en sus propias filas, dicen los mandos ucranianos. Los rusos «se lanzaban en asaltos suicidas». Les facilitó el avance metro a metro, pero a un «alto precio». Un corresponsal ruso escribe también en el ‘Pravda’ cómo los soldados, atenazados por la falta de suministros, rascaban sus esterillas para conseguir escarcha y convertirla en agua durante las noches frías.
También explica que los convocados a participar en un asalto dejaban de comer normalmente en los días previos para acostumbrar al cuerpo, conscientes de que en primera línea no habría alimentos suficientes. Sin embargo, el cuerpo a cuerpo parece no haber sido determinante en el final de la conquista, librada en sucesivos enfrentamientos con drones kamikaces.
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